Aunque seguro que ha sido una decisión adoptada de una manera reflexiva y calculada, hoy no habrá sido un día fácil para Enrique Bañuelos. Ha sido la fecha en la que ha presentado su dimisión como Presidente de la empresa que él mismo creara, Astroc Mediterráneo SA.
En su vida empresarial todo ha sido muy rápido. En poco más de diez años Bañuelos fraguó una significativa fortuna y dió forma (cuando le interesó, en la sombra) a un conglomerado empresarial que desde Sagunto y la expansiva playa de Canet d´en Berenguer ha llegado a cotizar en la Bolsa de Madrid.
Pero en sólo catorce meses, Bañuelos ha conocido la fama y las mieles de ser uno de los tres españoles más ricos, según Forbes, y el haberse convertido en el icono del ocaso de la década dorada del pelotazo urbanístico, hoy tan en desuso tras el escándalo marbellí.
Bañuelos ya era millonario cuando decidió catapultar a Astroc al Olimpo de las cotizadas. Pero el dinero no lo es todo: Con esta operación Bañuelos logró codearse con lo más selecto del mundo financiero de España, incrementar su popularidad (que hasta ese momento no había considerado oportuno potenciar) y lanzar su patrimonio personal.
A pesar de lo anterior, en febrero de 2007 la historia de Astroc cambió para siempre. Desde su salida a Bolsa en mayo de 2006 ASTROC había subido su cotización desde los 6,40 euros hasta los 75 euros, en unos pocos meses se anunciaba un split, adquisiones de otras empresas de mayor capitalización, expansión internacional…
No obstante, no sé si planificadamente, por falta de experiencia de su equipo o fruto de una operación soterrada o convenida de terceros en su contra, o todo a la vez, en febrero de 2007 la empresa inmobiliaria saguntina acaparó titulares en la prensa económica. Cual castillo de naipes, el engranaje que había posibilitado en pocos meses a Bañuelos llegar a lo casi imposible, empezó a derrumbarse: caídas bruscas de la cotización de la acción de la empresa (desde los 75 euros hasta los 9 euros en pocas semanas), venta de paquetes accionariales de otras compañías adquiridos por el propio Bañuelos que le hubieran podido convertir en el medio plazo en eje de operaciones corporativas de varias entidades financieras, publicación de resultados que no cumplían expectativas…
Bañuelos había llevado supuestamente a Astroc en solitario a lo más alto, pero resultó no serlo a pulmón: los diversos y complejos compromisos adquiridos en el proceso alcista con terceros le obligaron a renunciar cuando se produjo la caída de la acción, a paquetes accionariales en Astroc que le hacían perder el cincuenta y uno por ciento de ésta, con sus consecuencias. Pero además, tuvo que sacrificar a parte de su equipo directivo, amigos, en pro de nuevos directivos alzados por los nuevos señores de la empresa.
No había que esperar a la última Junta de Accionistas en la que Bañuelos dejó caer que se estaba planteando dejar la dirección de la empresa para saber que esto iba a pasar. Los que conocen la trayectoria de Bañuelos saben que con la actual coyuntura no se mantendría en la dirección de la empresa por mucho tiempo. Enrique, un hombre inteligente y hábil, bien se sabe que no quiere ser presidente florero. Como todas las estrellas quiere brillar con luz propia y en la nueva Astroc sinceramente no le iba a ser posible: cambio de nombre para borrar el batacazo (Astroc hace referencia a su apellido materno, De Castro, como tributo a su ascendiente), pérdida de la mayoría social en favor de otros accionistas, etc.
Quizá en unos meses Astroc sólo sea para muchos el icono del ocaso de la burbuja inmobiliaria, como en su momento lo fuera Terra para la burbuja.com de aquel ya lejano año 2000.
Pudiera ser que la empresa abandone Valencia como sede social a favor de Barcelona, donde se encuentra Lanscape (la empresa del grupo del Banco Sabadell que, paradógicamente, compró hace unos meses Astroc y que ha resultado ser la absorbente de facto). A este respecto me preocupa la estructura de trabajadores que Astroc tiene en Sagunto, donde tiene todavía sus oficinas, algunos de los cuales ya han tenido que abandonarla forzósamente.
Lo que está claro es que Bañuelos no va a estar con poco más de cuarenta años cruzado de brazos el resto de su vida. Seguro que esperará su oportunidad. No sé si será en Astroc, donde a la fecha se mantiene como uno de los mayores accionistas individuales, aunque no se sabe por cuanto tiempo.
Bañuelos tiene recursos, capacidad, ambición y habilidad para estar en el momento adecuado. Si durante un tiempo procede abandonar la primera línea pública, desde el ostracismo calculado, y esto, con la finalidad de tomar el necesario aire y trazar el caminio a seguir, lo hará indudablemente. Quizá muchos lo estén enterrando antes de tiempo.
